Nada más triste que perder un ser amado, pero es lindo cuando se atesora la enseñanza de comprender que nadie se cruza en tú camino en vano, hay que querer lo que ese ser nos regaló en su travesía y apreciar en nuestro corazón esos buenos momentos compartidos.

Haber tenido la opcíón de hacerlo nuestro amigo, haberlo amado, de haberlo visto en su grandeza de vida, de haberle entregado nuestro corazón sin medida es la más hermosa huella que nos queda para siempre, y ahora yace imborrable su presencia en nuestro ser, no cobijen la tristeza sino que imaginen una dulce partida en donde nos quedamos con la dicha de lo por ese ser recibido.

Vale más enterrar un bello recuerdo debajo del dolor, es más valioso atesorar los aportes de esa persona ida, y ponerle candado a los buenos momentos vividos, a las alegrías compartidas, a aquellas vivencias que nos marcarán en silencio, que el llanto se desborde, para que una sonrisa nos haga recordarle conjugado en un grandioso recuerdo.

El dolor es la medida de aprender cuanto le quisimos, cuanto nos dió, cuanto nos hizo falta, piensa en cuanto te duele, y verás que es porque marcó su presencia en nuestro ser con una pincelada imborrable de sus buenas cosas, y piensa que el dolor nos permitirá recordarle con inmensa alegría y para siempre. 

Berny Polanía Vorenberg





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